Estoy pensando un poco, no sé si en mi presente, en mi pasado, en mi futuro o en los tres al mismo tiempo.
Siento ruidos en mi pecho, también silencios. No los entiendo pero en estos momentos me acosan y luchan contra mí. Buscan, quieren y pretenden algo.
El silencio no me ayuda, la música tampoco, simplemente quiero plasmar exactamente lo que mi cuerpo y mente están queriendo decir. No sé cómo, ya dije, no los entiendo.
Transito distraída al parecer, no presto atención a las necesidades que tiene mi ser. O tal vez no quiero ver, ni escuchar, ni entender. O tal vez sí, pero tengo miedo.
No quiero llorar más, pero sé que no lloro de tristeza, lloro de ansiedad, por mi sensibilidad extrema.
Por momentos me siento una niña, inocente y que no sabe qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Y cometo errores, algunos graves y otros no. Me entrego a lo desconocido confiada de que nada va a salir mal. No me gusta pensar en las consecuencias.
Me gustaría volar, me gustaría ser algo sobrenatural y que nada me haga daño ni que sea más grande que yo. Es imposible, pero es gratis soñar.
Poco a poco caigo en la realidad, en la realidad de la edad que ya tengo, en las responsabilidades que tengo que tomar y en lo hermoso que sería no tener miedo a nada de lo que se viene. Me encantaría no pensar en eso pero a la vez sí, lo necesito para sentirme útil, para no dejar de soñar nunca por un futuro mejor, para poder dejar atrás lo del pasado y salir y vivir y ser que es lo que más me gusta.
En otro momento de mi vida hubiese dicho que la vida era una mierda y que todo estaba mal. No hubiera hecho más que llorar y lamentarme por cada una de las cicatrices que me ocasionó el tiempo y mi falta de voluntad. Ahora puedo afirmar que estaba ciega, ciega por el inconformismo de la imperfección. No había colores, no había amor, no existía la compasión. Algo cambió, yo cambié, mi mente, mis intereses, mi cuerpo, mi voluntad, todo cambió e intentó mejorar. De a poco sale, de a poco se van mostrando como son realmente. Conforman un cofre, y ese cofre estaba cerrado con muchos candados, no se dejaba conocer ni tocar y no por maldad sino por temor; temor al qué dirán, al si estaría bien o mal. Ahora este ser que se muestra auténtico y transparente es aquel que borra esas cicatrices en el cuerpo, el que quita ese deseo de morir y acabar con todo. A veces decae y llora, se quiebra y comete errores del pasado. Impulsos, los benditos impulsos que te llevan al desborde emocional.
Creo en el futuro, creo en mí, tengo fuerzas, tengo amor, tengo ganas, tengo apoyo. Al parecer lo tengo todo, ¿no?
Y no, no es cierto. No tengo todo, tengo eso y eso sí es mi todo. Probablemente para otro esto es estúpido pero a mí me llena, me ayuda y me alienta.
Nunca hubiese creído que con estas herramientas se podía lograr algo. Pero sí, lo comprobé. Aunque.. son frágiles, necesitan constancia. Me cuesta, me quiebro y me siento morir al menos una vez al mes pero sigo acá. Me levanto y miro al frente sin dudar y me digo que para mí nada es imposible.
No importa cuánto tarde en lograr mis objetivos, no importa si otro llega más rápido y fácil que yo, aunque lo odie y muera por estar en su lugar, yo siempre tengo la esperanza de que algún día me va a tocar a mí y no es que me convertí en una persona conformista, al contrario, sigo siendo igual de ambiciosa que siempre, sigo queriendo todo pero desde otro ángulo. Desde un ángulo en el que la vida intenta ser hermosa como todos me dicen que es.
me pone muy contenta ése cambio que estás logrando, la frase justa es: persevera y triunfaras porque es así. ya vas a lograr todo lo que quieras, de a poco porque para qué apurarse no? a las apuradas sale todo mal y más si es por impulso. y sabés que de mi parte sí tenés ése apoyo necesario para lo que sea.
ResponderEliminar